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Antes de internet, el negocio de la pornografía se veía reducido a unas pocas estanterías en las estaciones de servicio, las últimas salas escondidas de los videoclubs o algún que otro quiosco. Es cierto que también existían tiendas especializadas pero en todo caso era algo privado, que se hacía en secreto; entre una serie de consumidores que no estaban conectados entre sí.


Desde que se desarrollara la web sin embargo, esta industria ha demostrado saber adaptarse a las nuevas tecnologías. De esta forma ha ido creciendo poco a poco gracias en parte al auge del CD ROM, hasta convertirse en un auténtico monstruo de hacer caja. Actualmente el porno vende desde películas o vídeos caseros online capaces de ser importados a smartphones, ordenadores y reproductores de última generación, hasta vibradores a control remoto y consoladores de lujo. Se calcula que cada segundo 28.000 usuarios lo consultan en internet sólo en EEUU. Un gran pastel que está beneficiando a muchas compañías. Es difícil establecer las cifras que maneja este sector, pero algunas estadísticas colocan sus ingresos en 97.000 millones de dólares al año.
Si pensaban que ahora se iban a quedar de brazos cruzados ante el auge de las gafas de realidad virtual, estaban equivocados.
El pasado año la red social Facebook compró la prometedora empresa Oculus VR por 2.000 millones de dólares. Las Oculus Rift son unas gafas de realidad virtual que imitan con un realismo sorprendente a la visión humana, logrando un efecto de inmersión que ofrece múltiples posibilidades, especialmente en lo relacionado con los videojuegos (para lo que fueron concebidas), pero que también tienen un gran potencial en otros ámbitos como la educación, el turismo o las comunicaciones.